“Cuando jugar no es cosa de niños”, por la Lic. Carla F.

Trabajo realizado en el Seminario “Psicoanálisis con niños”, a cargo de la Lic. M Cristina Fernández Pintos

 

Recibí por primera vez a la madre de Santino en una institución conocida como “La Salita”, en la cual se ofrecen distintas especialidades médicas. La misma está establecida hace más de treinta años y es un lugar de referencia para los vecinos del barrio.

La mamá de Santino refiere que viene a consultar porque se lo sugirió la pediatra del niño, luego de que éste no dejara que lo revisara, pegándole varias patadas a la misma. Cuando le pregunto acerca de qué es lo que piensa ella, refiere que Santi “hace muchos berrinches, abre la puerta y sale corriendo a la calle, rompe vasos a propósito”, “no juega con otros nenes en grupo”, “yo soy la única que le pone límites”, “si quieren algo me lo piden a mí, yo me ocupo de todo” (incluyendo al hermano mayor de Santino en los relatos). La madre dice que las personas con las que conviven es la familia paterna extensa, con la cual la señora tiene muy mala relación y que se encuentra separada del padre de Santino a pesar de permanecer en la misma casa, durmiendo con el niño en la cama matrimonial mientras que el padre duerme en otro colchón.

 

A esta primera entrevista trae fotocopias de las actas que firma en el Jardín por el comportamiento de Santino y un informe de la docente, en el cual se detalla que “todo el tiempo se le llama la atención” a lo cual el niño responde levantando la voz o con gestos obscenos, “no permanece sentado”, “se niega a participar de las actividades grupales”.

En una segunda entrevista con ambos padres, el padre agregó que Santi “no quiere tirar nada, papelitos, ropa, recortes de madera, todo lo junta” y que presenta un “desinterés por la comida”; ambos comentan la situación de que cuando la mamá dice que no, el papá dice que sí, ante los pedidos de Santino.

Santino tiene seis años recientemente cumplidos y se encuentra en el último año del Jardín de Infantes. Desde el primer encuentro con el niño se pudo entablar conversaciones, acerca de sus compañeros del Jardín, de sus programas preferidos en la TV, y momentos compartidos con su familia durante el fin de semana. Dichas conversaciones en general se mantenían mientras Santino deambulaba por el consultorio, investigando las cajas de juegos y juguetes, de las cuales sacaba cosas, las miraba un momento y las dejaba a un costado, vaciaba las cajas y volvía a guardar los objetos.

En lo sucesivo de los primeros encuentros, al momento de ingresar Santino, su madre lo seguía detrás comenzando a relatar todas las cosas que había hecho el niño durante la semana, las actas que había tenido que firmar, las madres del Jardín con las cuales había discutido por la conducta del niño y otros conflictos familiares.

Pensando en esta mamá que ocupa todos los lugares, me pregunté qué lugar habría para que pudiéramos trabajar y se despliegue un espacio transferencial con Santino. Como primer recurso intenté poner un tiempo a la escucha de esta mamá que ingresaba intempestivamente al consultorio, y así poder acotar un poco su presencia, marcándole el inicio de nuestro trabajo con el niño. Cada semana la madre llegaba más “agotada” (sic.) por el comportamiento de Santi, diciendo no poder hacer ninguna otra actividad que cuidarlo, ya que el niño había protagonizado varios accidentes domésticos en los cuales había puesto en riesgo su vida, como por ejemplo tirarse desde el entrepiso donde ahora dormía junto con su hermano. Yo me pregunto ¿buscando un límite en lo concreto del suelo? Liliana Donzis plantea en este sentido que“(…) es menester que la imagen del cuerpo adquiera consistencia. Para que dicha consistencia se enlace a lo simbólico son imprescindibles las operaciones fundamentales a través de las cuales el magma del lenguaje se enhebra, gracias a la lengua materna, en las derivas de goce de la pulsión. En su reiteración, la demanda materna orilla los bordes del cuerpo constituyendo las zonas erógenas y los bordes en fuentes, de las que emanan los estímulos. Esos bordes precisan del narcisismo que no es sin la imagen proveniente de lo especular y del significante –ambos colaboran con la unificación imaginaria de la superficie erógena del cuerpo. Las consecuencias de la constitución del yo y los efectos de unificación imaginaria auspician la aparición del semejante y el inicio del lazo con los otros. (…) Mi idea es que aunque dichas operaciones también existen en los niños hiperactivos y en los que no pueden sostener su atención, no advertimos de manera neta la función de la discontinuidad que aporta el significante ni la eficacia ni efectos de las operaciones fundantes enmarcadas en el Nombre del Padre. Lo que vemos aparecer, entonces, es un fracaso o fallo en las mismas”[1]. ¿En relación a estas fallas y los datos que iban apareciendo en estas primeras entrevistas, en qué momento de su constitución subjetiva podía ubicar a Santino para pensar la dirección de la cura?

En otro encuentro Santino ingresa al consultorio y me dice: “Vos no sabes nada. Mi mamá quiere que te cuente un secreto, no sé si puedo contártelo porque es re complicado. Mi mamá siempre quiere que diga algo”. Intervengo aclarando que este es su espacio y él puede elegir contarme lo que él quiera. Tomó los animales de la caja, que anteriormente nunca había usado y comenzó a contar una pequeña historia sobre los leones; leones de distintos tamaños: “Van a hacer una carrera. Van a ir más rápido y los papás se quedan atrás”.

Poco a poco algunas escenas lúdicas se fueron armando, como construir un garaje con los bloques (rastis) para guardar el auto. Comenzó a pedirme que lo ayudara a buscar los autos en las cajas, construimos en papel rutas para los autos, cuando yo decidía un destino al cual quería ir, el auto de Santi me seguía e iba al mismo lugar.

Diego García Reinoso plantea que “jugar contiene un elemento placentero, es una unión imaginaria y deliciosa con una madre, pero también contiene aquello que lo soporta y le da existencia al primero: es la ausencia, la castración, la muerte. Y estos elementos son inseparables para que el juego tenga lugar. Es en este sentido que el juego es creación[2]”.

A partir de lo que propone el autor puedo pensar en relación a este acontecer transferencial, que me encontré frente a un niño que en su constitución subjetiva aún no ha atravesado el tiempo del fort/da, la madre como ausente aún no fue inscripta, en lo observable se destacaba que es una mamá pura presencia. La propuesta a Santino de marcar un corte con lo que él quisiera contar abrió la posibilidad de que el niño comenzara a desplegar escenas lúdicas con algún tipo de organización, continente-contenido, breves historias con personajes, construcción con bloques. Lo que era pura descarga motriz, comenzó a poder jugarse.

 

Bibliografía consultada

- Donzis, Liliana. (2013) Niños y Púberes La dirección de la cura. Lugar Editorial.

- García Reinoso, Diego. Revista Argentina de Psicología. Año XI N°28, octubre de 1980.

 

[1] Donzis, Liliana. (2013) Niños y Púberes La dirección de la cura. Lugar Editorial (pág. 86-87)

[2] García Reinoso, Diego. Revista Argentina de Psicología. Año XI N°28, octubre de 1980.