Dispositivo transicional: Una posible historia - por Marcela Varela

Esta vez, a partir de algunas conversaciones con algunas colegas, le quise dar a este ateneo, una connotación un tanto diferente; decidí presentar un trabajo teórico, que no por serlo deja de aludir a una clínica, que ahora, ya después de unos cuantos años de practicarla, pienso que reviste cierta especificidad.

Coincido con Lidia Millán, en que,  a algunos acontecimientos, son necesarios  situarlos dentro de un contexto histórico, así que si me lo permiten y tratando de que dentro de lo posible no les resulte aburrida, intentaré relatar algunas condiciones históricas y coyunturales que motivaron la construcción de lo que he denominado como dispositivo transicional.

Tal vez sea redundante afirmar que la sala de internación en la que me tocó practicar una clínica psicoanalítica  era una sala de internación psiquiátrica con normas de internación y externación bien definidas, que a no ser por el vínculo que aún me liga con quien fuese la jefa de sala en esa oportunidad, podría pensar que se trata de una falla mnésica en el peor de los casos o como el actual jefe de la misma afirma: “un recuerdo que solo vos tenes” ( a buen entendedor, pocas palabras).

No fue fácil delimitar el campo de intervención de un psicólogo con formación en psicoanálisis, con criterios de externación que suponían a la misma como la compensación farmacológica de los “fenómenos agudos”que motivaban la internación, pero este fue el punto de partida a través del cual(dado que no tenía otra opción más que trabajar en la misma o irme),  tomé la decisión de construir, “un artificio posible” para la atención de esos pacientes que allí estaban internados.

Es decir, entendí que ya que no había ningún otro lugar posible para un psicólogo en la sala, que el de paramédico o el de acompañante terapeútico, sería necesario inventar un lugar.

Mis primeros interrogantes fueron acerca de las crisis, de la fenomenología que los pacientes presentaban,  del estado de despersonalización  y de angustia, de los vínculos familiares que se ponían en escena en el escenario que la sala propiciaba, de los vínculos que se suscitaban entre los pacientes y entre los profesionales que los asistían…

Me preguntaba que significaba una descompensación y cómo un psicólogo podía intervenir en ello.

En este punto, pido disculpas a mis colegas “intensamente lacanianas”, pero los conceptos tan eruditamente vertidos por las diferentes materias de la UBA, lease escuela francesa, psicopato y otras, no me ayudaban en lo más mínimo; trataba de situar la instalación del Sujeto supuesto saber, el significante de la transferencia, perdón, transferencia? Que es eso’?, el que estabiliza…, solo encontré el estabilizador de la compu, ni hablar del fantasma, Gasparito , brillaba?? por su ausencia , asi que parafraseando a Ripessi, decidí quemar las naves y aventurarme en una travesía que duró casi 10 años, voy a precisar fechas porque parece que algún psiquiatra desmemoriado lo duda, entré en marzo de 1997 y , no se sí me fui, si por razones de salud mental y física acordaron mi salida, pero créanme que pasé por sentirme desde el cordero de Abraham, hasta Tupac Amaru y en diciembre del 2006, fecha que coincide con la primera presentación del proyecto, mediante el cual nos comprometíamos a seguir prestando atención a los pacientes de la sala desde los consultorios externos.

Traté durante mi permanencia en la sala, de encontrar algún referente teórico que orientara mi práctica clínica y descubrí a dos: un ex residente de la sala, psiquiatra Carlos Nemirovsky y el otro un psicoanalista, Daniel Ripessi, y ambos tomaban a la vez como referentes para la práctica clínica con estos pacientes a los que denominaban como “severamente perturbados”, a Winnicott.

Me pareció en primer lugar interesante la apreciación diagnóstica: “severamente perturbados” porque  todos los pacientes que se internaban tenía en común estar atravesando una descompensación, que en un primer momento resultaba difícil ubicarla dentro de las consabidas estructuras clínicas, lo que me planteaba en primer lugar armar algún artificio que posibilitara una aproximación diagnóstica; es en relación a este punto que pensaba en la importancia del trabajo interdisciplinario a los fines de establecer una estrategia, para poder pasar de la irrupción fenoménica a la posibilidad de poder construir en el escenario de la sala una escena propiciatoria en la que un sujeto pueda advenir,  es decir, pensaba la sala como un escenario, en el que participábamos una serie de actores, en la que alguna obra se estaba montando y en la que se trataba de incluir al personaje principal: el paciente, dándole lugar a lo que este podía decir….

No voy a ser injusta, a veces y de acuerdo a los actores que estaban en escena, esto se propiciaba, acompañado por la prescripción de psicofármacos, el momento de crisis aguda se atemperaba, podían realizarse las entrevistas, y en los mejores casos algo de un mínimo vínculo se lograba establecer, venían los permisos de salida muy ligados a una lógica de premios y castigos, que cuando lográbamos poner un poco a raya a la insensatez del super yo, también formaban parte de la aurora de una dimensión transferencial posible.

Pero, en realidad, esta introducción, con reminiscencias de la sala, tiene como objetivo contextualizar la puesta en marcha de un artificio al que denominé dispositivo transicional, el que fue efecto de mi transcurrir por la sala de internación.

Unas de las dificultades con las que,( al menos en lo que a mi respecta), la constituía, más que los permisos de salida;las altas. por qué, las altas??, porque los criterios de externación de  la sala de psiquiatría  eran  que una vez pasado el momento crítico que ameritó la internación, los pacientes estaban en condiciones de irse de alta, entiendo que este concepto de alta no era compatible con los criterios de admisiones de los diferentes dispositivos que funcionaban en los consultorios externos, pero era el único punto de consenso acompañado por lo anteriormente mencionado, es decir mi criterio de alta lo constituía el que un sujeto pueda advenir, el de la psicosis o el de la neurosis, y que por lo general coincidía con el atemperamiento de la fenomenología que había motivado la internación.

Claro está, que en estos criterios de alta no estaban contemplados ni el concepto de “estabilización” en las psicosis, ni la articulación de un pedido en demanda, ni la puesta en forma de un síntoma , ni la instalación de un Sujeto Supuesto al Saber, pero, sin embargo consideré que no por ello no podían ser susceptibles de un tratamiento posible

En función de esto, y considerando que los pacientes más complicados de ser alojados eran los que la psiquiatría diagnostica como “trastornos de la personalidad”, “borders” y “trastornos narcisistas”, pensé en la creación de este dispositivo que hoy coordino, que he llamado transicional.

Me gustaría a continuación, comentarles el prólogo que le escribe Pontalis  a Winnicott en “Realidad y Juego”,  porque se encuentran nombrados las conceptualizaciones Winnicottianas que constituyeron y constituyen el marco teórico del dispositivo o del espacio transicional.

El concepto de transicional, concepto Winnicottiano, tiene para mi gusto un sentido tópico, está referido a algo que Winnicott nombra como “zona de experiencia” , “espacio potencial” y “área intermedia”.

Pontalis refiere lo siguiente: “lo que constituye el mérito de su descubrimiento para todo psicoanalista se ocupe o no de niños, es el área intermedia, área que el psicoanálisis no sólo ha descuidado sino que en cierto sentido sus instrumentos conceptuales-teóricos o técnicos-le impiden percibir y, a resultas de esto hacer advenir.”

Continuo citando a Pontalis: “Toda la investigación teórica de Winnicott ha estado marcada por el encuentro con eso que en psicoanálisis nos sitúa frente a los límites de lo analizable: casos límites, situados entre las neurosis y las psicosis que desafían al analista en sus poderes y en su ser; los límites de toda organización neurótica o psicótica”.

Winnicott considera a la “afección psicótica” como un desmoronamiento, como una organización defensiva vinculada a una “agonía primitiva”, agonía propiamente impensable, cuyas modalidades(quiebre de la residencia en el cuerpo, pérdida del sentido de lo real, sensación de que uno no cesa de caer), agonía subyacente con la cual se constituye toda tentativa de estructuración, todo síndrome psicopatológico que se consume por dominarla, agonía que evoca sin llegar a la castración, una brecha insalvable o abismo sin fin, esa doble imagen de fractura y caída contenida en el término breakdown”(1)

Sigue Pontalis: “el breakdown  tan temido porque amenaza siempre con tener lugar en el futuro, de hecho ya ha tenido lugar en el pasado, pero, y aquí se encuentra la paradoja central- ha tenido lugar sin haber encontrado su lugar psíquico, no ha quedado registrado en ninguna parte”

“la misma idea de inconciente, impuesta a Freud por el funcionamiento psiconeurótico, no le parece a Winnicott, capaz de significar esta dimensión de la ausencia que reconoce como un vacío necesario en el sujeto”

“Ha tenido lugar algo que carece de lugar, lo que determina que todo el funcionamiento del aparato está fuera de la conquistas de este, lo impensable hace a lo pensado”

“la laguna, el blanco, son más reales que las palabras, los recuerdos, los fantasmas que intentan encubrirlos”. ”Este blanco, no es el simple blanco del discurso, lo borrado por la censura ,lo latente de lo manifiesto. Es en su presencia-ausencia, testimonio de un no vivido pero es también, llamamiento a que se lo reconozca por primera vez, a que se entre en relación con él a fin de que aquello que no estaba más que sobrecargado de sentido pueda tomar vida”;” solo a partir de la no-existencia puede comenzar la existencia”.

Este prólogo es tan maravilloso, que me resulta muy difícil acotar las citas, que tienen como objetivo apoyarme en ellas para poder intentar transmitirles de la manera más simple y clara que entiendo por espacio transicional.

Considero que en toda descompensación, concepto que presupone algo que estaba compensado y dejó de estarlo, nos confrontamos con esta “presencia-ausencia”, testimonio de un no vivido y también llamamiento a que se lo reconozca por primera vez, a que se entre en relación con él a fin de que aquello que no estaba más que sobrecargado de sentido pueda tomar vida”.(2)

En otras oportunidades he citado frases de pacientes que he atendido, en las que hablan y ponen en acto “ la carencia de sentido de sus  vidas” y el “no sentirse vivos”.

Pontalis afirma que en la Obra de Winnicott  podríamos ubicar una pregunta: “Qué es lo que nos hace sentir vivos, más allá de la adaptación, que siempre implica sumisión, a nuestro medio? “interrogante  éste que la organización neurótica puede llevarnos a eludir, mientras estemos atrapados por la máquina de significar, en la secuencia armonizada del fantasma; pero al que, el sujeto nos arroja inevitablemente allí donde esté lo psicótico”.

Winnicott propone una búsqueda, la búsqueda del “sí mismo”, Pontalis se pregunta:” ¿ Qué es este sí mismo y esta búsqueda del sí mismo?,  a lo que se responde: “ si no es el resurgimiento del mito de un alma consagrada a la verdad, cuya plenitud ignoraría el esquizo irreductible? O Qué es esta creatividad primaria a la que se supone más fundamental que la sublimación de las pulsiones, sino la nostalgia de un inmediato que anula el distanciamiento necesario introducido por la representación”

“El sí mismo no es el centro, tampoco es lo inaccesible , oculto en los pliegues del ser, se encuentra en el intervalo entre el fuera y el adentro, entre el yo y el no-yo, entre el niño y su madre . El espacio potencial difícilmente se deja circunscribir dentro de un nuevo tópico, sin embargo los límites de los dos espacios únicos sobre los que podemos actuar y que intentamos controlar-el externo y el interno- le indican su lugar ausente, vacío.”

En Winnicott no hay escenario donde se repita lo originario, ni combinatoria en la que los mismos elementos permuten en el círculo, sino un terreno de juego, de fronteras móviles que hace nuestra realidad”.

Considero que tanto las neurosis como las psicosis son organizaciones psíquicas, y en esto soy Winnicottiana , que se estructuran a partir de este vació que ubica Winnicott entre los límites de lo interno y lo externo, del yo-noyo, de aquello que testimonia este vaivén de presencia.ausencia, zona de lo informe, territorio que hace a lo vivido a partir de lo no vivido, que hace a la existencia a partir de la no existencia.

Las descompensaciones neuróticas y psicóticas, nos confrontan por igual con ese territorio, límite de lo analizable, derrumbe ya sucedido, confrontación con lo impensado, con lo no vivido.

El dispositivo transicional tiene que ver con esta clínica, con la oferta de que algo a partir de esto pueda ser jugado, inventado, supone la idea de un movimiento de transición.

Supone un tratamiento posible, a costa de prestar, quizás los propios significantes, la estructura del analista a los fines de la búsqueda de ese ”si mismo Winnicottiano”, que no es el yo, que no es cognosible pero que se presentifica a través de sus manifestaciones transferenciales y por el transcurrir, transitar por el dispositivo, por el espacio transicional.

El posibilitar el encuentro de ese “Si mismo” va de la mano con la idéa de que la vida merece la pena de ser vivida, cosa que para estos pacientes no aparece como posibilidad.

 Es mi afán poder transmitirles esta experiencia, en relación a ello, me gusta más el término de espacio transicional, que el de dispositivo, pero sin lugar a dudas considero que en todo caso el dispositivo constituye el objeto signo de esta experiencia, que trasciende la singularidad del encuentro con cada paciente,  el espacio que gracias a todas ustedes me pude inventar en la Unidad.

Para terminar, nuevamente voy a citar el prólogo de Pontalis, fragmento que sintetiza y dice mucho más de lo que puedo yo expresar sobre el dispositivo transicional:

“El extremo de una cuerda, el ritmo de su propia respiración, un rostro, una mirada que nos concede la certeza de existir, una sesión en la que uno se encuentra solo con alguien; poca cosa, menos que nada, simplemente lo que me sucede cuando estoy en disposición de recibirlo. Entonces lo encontrado no es ya el precario sustituto de lo perdido, lo informe ya no es más el signo del caos, el alma no funciona más como un órgano separado del cuerpo”

Marcela Varela 2015.

(1)  Prologo de J.B.Pontalís, Realidad y Juego, Donald Winnicott.

(2) Prólogo de J.B.Pontalís