Crianza, la vuelta a casa | Lic. Raquel Martínez (*)

(*) Psicóloga, docente e investigadora Universitaria del Pensamiento Complejo. Técnica en Ciudades Preventivas. Master en Gestión Social y Gerenciamiento Público. Psicoanalista.

Setiembre 2015,

Es mi intención hoy en este encuentro,  transitar, con ustedes, colegas en el arte de curar,  por los bordes de la práctica y teoría de  la psicología clínica e investigativa (engramando en la unidad de lo diverso, con la visión de lo inter y transdisciplinario) reflexionando juntos sobre  acciones, que nos permitan la construcción y o re-invención de herramientas nuevas, basadas en  una re-evaluación de problemas, EN EL ACOMPAÑAMIENTO DE LA FAMILIA QUE VUELVE A SU CASA CON SU BEBE

Por tanto es una convocatoria, a

- re-unirnos, y  re-ligarnos, en visiones, que de-construyendo, lo mal aprendido o mal enseñado, o inoportuno ya, amplíen una mirada re-humanizante, a fin de involucrados, podamos contribuir a la creación, desde nuestra práctica del Ser-Humano-Ético.
- examinar críticamente supuestos dados.
- reflexionar en acción y crear una perspectiva diferente.
-desafiar pre-supuestos.
-pensar, pensándonos, nuestro tema convocante: CRIANZA, LA VUELTA A CASA, O DE LA PANZA AL SUJETO RE-INTRODUCIDO EN EL HOGAR COMO NIÑO, BEBÉ

Cómo vemos al niño en cuestión y a mi entender, nuestro necesario reinvolucramiento.

El trabajo con niños en sus primeros meses de vida, y el estudio de las experiencias rigurosas de otros autores, basadas en el uso de  métodos de observación y registro de conductas infantiles demuestran que los recién nacidos extraen activamente de entre todos los estímulos ambientales a su disposición, aquello que tiene una inmediata relevancia para el organismo (Gibson, 1966; Piaget, 1969).  Seleccionando, de todas las posibilidades a su alcance, aquellas que le son necesarias a su particularidad, conductas, instintivas, que después del octavo mes se vuelven intencionales. Con lo cual dejo de lado las teorías que planteaban al infante como una criatura pasiva, retraída (Mahler, Fase autista normal, 1975).

Bowby, nos habla de Apego,  como una conducta innata e independiente de la alimentación, siendo el bebe un ser social desde el vamos, para este autor existiría una capacidad y deseo de relacionarse con el mundo externo. Es decir, que un bebe, se relaciona con su madre, por una necesidad afectiva de protección y cuidado, que los une y perdura en el tiempo.  Necesidades que se re-activan siempre.  Hablo de capacidades y habilidades sintónicas con el OTRO, siendo una fuerza motivacional intrínseca, que lo relaciona y religa a su madre quien interpreta esas señales y decodifica, y al entorno en si con el cual va interactuando.

Quiero detenerme aquí, a fin de acentuar este momento paradigmático de la re-humanización, donde nosotros, participando en el parto, y primeros días del lactante somos Ese Otro, convocante y convocado, que también  deja huellas,  marcas, por acción u omisión en ese sujeto, recién parido, con ansias y necesidades de sincronizados, seguir su camino de ser sujeto de derecho, EL SUJETO EMOCIONAL. EL SER HUMANO.

En nuestro mundo, fragmentado, caótico y violento, muchas veces (la mayoría de ellas) lo urgente, cubre lo verdaderamente importante y trascendente: EL SUJETO NACIDO Y SU TRÁNSITO AL HOGAR,  por ejemplo que hoy nos ocupa.

No nacimos sabiendo el cómo de ser profesionales de la salud, padres, etc. más si sabemos que la educación suple el desconocimiento con su contrario: el saber. Será entonces, también ésta nuestra tarea, más bien nuestro desafío, educar con acciones, que dejen huellas, a ésta familia de quien hemos ayudado a llegar a éste mundo. Es necesario saber, que todos somos partícipes necesarios de la subjetivización del sujeto, es decir, nuestra acción en el acto de nacer, nuestra forma de trato, deja huellas indelebles en el infante, su entorno y la sociedad a la que vuelven.

Dejar de sentir nuestras emociones en lo que hacemos como profesionales de la salud, en el caso que nos ocupa, nos está impidiendo ver que somos partícipes o no de la parición de un ser ético. Violencia e inseguridad, ocupan en la cotidianeidad, el lugar más alto de nuestra estadística de preocupación. Inmersos en la cultura de la mortificación (Ulloa, F. desde 1994, desarrollando la idea, hasta su muerte en 2008), queremos creer  que estamos fuera de la violencia, el maltrato y del abuso. Por acción u omisión todos somos parte de este entramado de violencia y abandono.  Verlo por televisión o leerlo y pensarlo por fuera nuestro no nos hace partícipes, solo es una vana ilusión participativa. Se impone una mirada que nos haga asumir las responsabilidades, que van, más allá del buen tecnicismo en nuestra práctica.  Y además comprender éste, nuestro estado, a fin de juntos ir remediando esta enfermedad social, que afortunadamente no nos ha devorado todavía. Por ello, mi interés en hablar de la necesaria re-humanización de las ciencias médicas. El acto médico, es un acto humano, pero su ejercicio actual está limitado, en la mayoría de los casos, al empleo de recursos técnicos, para optimizar el resultado, sin poder medir quién o qué está en juego y sin tener en cuenta, que la participación profesional al ser lineal, no percibe , las verdaderas necesidades del otro-s implicado-s. Tan centrado estamos en nuestros propios problemas, que nos parece imposible, ser, algo más que buenos técnicos.  Al actuar técnicamente no lo-s vemos, y ese mirar, desde nuestras necesidades, que no lo-s toma en cuenta en las suyas, hace incompleto nuestro acto, que aun siendo también de ellos, acaba por excluirlos.

Es en la pequeña ventana de nuestra inclusión consciente, solidaria, compasiva, amorosa, que puede entrar la luz de un cambio. Y es aquí que dejo a su consideración, lo que faltaba a mi comunicación con ustedes en éste día. La importancia de la ternura, en la co-construcción del ser ético.

Todo el acerbo filogenético, no le permite precisar al cachorro humano lo que siente, pero siente, y es nuestra función sostenerlo en esta experiencia.  Nuestro aporte en este momento, deja huellas en la memoria del bebé, co-construye lo que desarrollará en su vida. Es vital entonces reconocer que, cuánto mayor y mejor intervención tengamos más contribuimos a la formación de un mejor ser. Es evidente que hablo de la necesariedad de un trato, que,  además de ser más que correcto en lo técnico, en lo profesional, sea contenedor en lo emocional, teniendo en cuenta, que quizás, ese acto amoroso, compasivo y solidario, sea la única señal que ese bebé tenga, durante mucho tiempo como trato amoroso y tierno. Y que si la vida que lleva, ya fuera de nuestra influencia directa lo conecta con otros, pueda, recuperándolo de sus huellas mnémicas unirlos y convertirse en un ser ético, de pleno derecho y ejercicio del deber.

La ternura, instancia psíquica,  fundadora de la condición humana.

Es en el tiempo de la invalidez infantil, donde actúa la ternura parental y social, es un tiempo sin palabras, con pocas posibilidades de rememoración consciente, más todo lo inscripto forma parte de su acervo inconsciente, así recibe, no sólo la historia de la humanidad, sino la humanización misma.  Transmitiéndole la historia, pasada y los momentos ya historia, del presente. La ternura como instancia humana es el freno de la pulsión de apoderamiento del niño. Este límite genera dos habilidades propias de la ternura: la empatía que garantiza el suministro adecuado (calor, alimento, arrullo-palabra) y el miramiento: mirar con amoroso interés, a quien se considera sujeto Otro distinto de mi (Ulloa. F), germen de autonomía del infante.

Así como la ruptura de todo pacto solidario, la impunidad y la corrupción son las herramientas de la marginalidad, la ternura es la herramienta del ser ético. Un niño tratado con amor y con sus necesidades básicas cubiertas, alimentación, techo, va pudiendo crear un aparato psíquico donde se establecen mecanismos defensivos básicos. Quien recibe ternura, puede devolver. Si doy, recibo, si quito, soy castigado, si tengo cuido, y si me cuido, cuido a los otros.

Por tanto si cuidamos adecuadamente a ese bebé recién nacido y a su madre estamos co-construyendo un ser atravesado por la ética. Es en esta noción de contrariedad con el daño que el bebé humano irá formando su noción de justicia (Fernando Ulloa) instalándose las bases constitutivas de lo ético y su contrario y aprenderá a ser partícipe.

Nuestra negación, poca participación y no participación, que, es una forma de participar es lo que contribuye a negar a los niños la posibilidad de ser y esto es lo que nos estamos negando como sociedad al negar el trato tierno al bebé: la creación de lo justo y lo ético. Esto es violencia.

Dejo entonces esta inquietud para que pensemos todos juntos: quien nada ha recibido, y nace ya como sujeto devaluado, nos está hablando de qué sociedad?:  la nuestra, prepotente, violenta. Quien nada tiene y nada puede generar, tampoco podrá cuidar, ya que nada tiene que perder. Esto da para pensar nuestro cotidiano quehacer y vivir. Todos somos co-responsables en el cambio, es nuestro derecho y pienso lo que nos debemos.

Resumiendo: acto profesional eficiente, con inclusión consciente de una mirada atenta, solidaria y amorosa, interesada en EL OTRO, es el principio del cambio, con ello entra en la vida un sujeto esperanzado, y una familia, que algo aprendió de quienes los asistieron. Lo demás será, lo que le tocó o pudo cada familia y de ello hablaremos en otro momento. Confiemos en nuestras huellas, y sembremos, que un  médano tiene millones de granos de arena, más cada uno de ellos es necesario para ser tal.

Gracias.