Manzanas de otra hora

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Hay en esta primera obra, una sutil pero clara evidencia del marco que la naturaleza dibuja en su interior. He visto su jardín y leo en su palabra, en sus ojos, los límites y el esplendor del verde, la alegría de las flores y las semillas que ella regala para sembrar en invierno.
La brevedad en su estilo adquiere un mayor valor, porque en seis o siete versos, entreabre un universo que no podría manifestar un poema de cien versos.
Decía Borges que del laberinto se sale hacia arriba, y Débora ha lanzado un arma bellísima: un libro. Lo ha publicado. Gracias a la vida.
María Elena Rocchio